lunes, 3 de octubre de 2016

Elecciones en Rusia, una derrota más para la democracia

Fuente: EFE

El domingo 18 de septiembre se llevaron a cabo las elecciones legislativas en la Federación Rusa, mismas que dieron una mayoría constitucional al partido oficialista Rusia Unida. Marta Ochman, profesora e investigadora de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, quien además es especialista en Europa, en su columna para el Universal, explica cómo estos resultados reflejan dos fenómenos: el primero, el fraude y la manipulación electoral que siempre están presentes en la vida política de Rusia, y el segundo, la indiferencia social que es de carácter cíclico. Aquí la opinión de Marta Ochman:

En el caso de Rusia, las elecciones vacías de un contenido democrático ya no sorprenden a nadie. Durante los primeros 12 años, el autoritarismo de Putin se disfrazaba de paternalismo no democrático, pero aparentemente benévolo para la mayoría de los rusos, que no para sus enemigos políticos, como lo demostró el caso de Yukos y su dueño Mijaíl Jodorkovski, encarcelado por delitos de evasión fiscal precisamente cuando declaró aspiraciones políticas con vistas a las elecciones presidenciales de 2004. Gran parte de la popularidad de Putin fue genuina: la reconstrucción del prestigio internacional de Rusia y la mejora de la situación económica de las familias rusas explican la alta popularidad de Putin, tanto como Presidente, como cuando ocupó el cargo del Primer Ministro. Fueron tiempos que permitieron a Putin afianzar un sistema político de autoritarismo electoral, capaz de perpetuarlo en el poder.

Las últimas elecciones parlamentarias son una buena ilustración de sus logros: la fecha fue adelantada tres meses sin una razón más allá de que coincidiera con las vacaciones, aumentando así el abstencionismo (la participación fue de 30% del electorado); se alentó la participación de grupos y candidatos desconocidos, pero suficientes para dispersar el voto de los descontentos con el régimen actual; el acarreo, la falsificación de listas y de resultados, compra de votos, el embarazo de urnas, el carrusel, fueron estrategias orientadas no sólo a ganar las elecciones, sino a lograr una mayoría constitucional, y afianzar así la imagen del régimen que se está tambaleando en su popularidad, no por ser autoritario, sino por los recortes sociales y la devaluación galopante. No olvidemos que en 2018 Vladimir Putin enfrentará las elecciones presidenciales, que todavía hace poco, consideraba ganadas.

¿Qué podemos esperar de aquí a 2018? La situación económica de Rusia no va a mejorar. Hay problemas coyunturales que afectan a este país, como el bajo precio de petróleo (prácticamente 50% de los ingresos de Rusia dependen de los energéticos). Las sanciones impuestas por las principales economía del mundo por la anexión de Crimea y el papel desestabilizador que juega Rusia en el conflicto de Ucrania, así como las contra-sanciones anunciadas por Rusia, no se modificarán, porque la política exterior agresiva es una estrategia que fortalece la imagen de Putin y le acarrea popularidad en medio de la crisis. Además, mientras las causas reales y profundas de la crisis yacen en la falta de reformas estructurales, las sanciones permiten atribuir la culpa por el deterioro de la calidad de vida al enemigo externo, al Occidente.

De ahí que no se puede esperar un despertar democrático en Rusia; de hecho, ya ni siquiera es un caso aislado: el autoritarismo electoral y el populismo están ganado terreno a la democracia. Por algo Vladimir Putin es uno de los políticos que Donald Trump más admira.

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